Frente al banco y entre los pabellones “F” y “C” de la Univesidad de Lima se encuentra un mural de Juan Pastorelli, el cual ya había visto en reiteradas ocasiones, pero en realidad nunca me había detenido a observar. Esta obra cuenta con diez divisiones, y cuyas imágenes representan la historia de la humanidad, pero con muchos aspectos de la evolución de la comunicación.
Se pueden distinguir (de derecha a izquierda) la era de las cavernas, la edad antigua, la invención de la escritura y el descubrimiento de la imprenta, los inventos y pinturas de Leonardo da Vinci, la obra de Galileo, la revolución industrial, los comienzos del siglo XX, las ciencias modernas y finaliza con la era de la informática.
En cada era nos presenta imágenes que nos dan una idea de la evolución de la comunicación durante los distintos períodos de la humanidad, pasando por el arte rupestre, los jeroglíficos, la geometría, la imprenta, la astronomía, las telecomunicaciones, internet, etc.
Habiendo observado al fin esta obra de arte, me doy cuenta que en tan poco tiempo hemos conseguido mucho, y quizá podríamos haber avanzado muchísimo más de no ser por nuestro instinto autodestructivo. Solo queda esperar que en un futuro algún estudiante de la Universidad de Lima pueda apreciar diez etapas más de nuestra historia. A veces vale la pena soñar.
Varios estudios neurológicos en distintas universidades de Estados Unidos han dado como resultado que el puente calloso interlobular del cerebro de las mujeres es más ancho que el de los hombres, lo cual las hace más inteligentes, dado que el intercambio de información entre los lóbulos es más rápido.
Esa diferencia física hace que las mujeres tengan una visión de 180° y que también tengan la capacidad de realizar varias tareas al mismo tiempo y de manera eficiente. Estas características, sumadas al instinto maternal que les da un sentido superior de justicia, nos demuestra que el cerebro femenino tiene funciones cerebrales tan veloces como un tren bala.
El 25 de marzo de este año fue un día muy especial para mí, porque finalmente taché una de las muchas cosas que tengo pendientes antes de morir, o sea ver a Guns N’ Roses en vivo.
Este grupo norteamericano liderado por Axl Rose me gusta desde que era un niño, ya que en una propaganda televisiva de las olimpíadas Barcelona 92, escuché la famosísima canción “Sweet Child O’ Mine”. Desde entonces, cada vez que escuchaba esa canción me preguntaba quién la cantaba.
Varios años después, cuando internet se volvió la biblioteca de mi generación, descubrí que los GNR eran los autores de esa canción. A raíz de ese descubrimiento, me maté buscando todos los CD’s y DVD’s del grupo, ya que la piratería no era algo tan usual como ahora.
En febrero una de mis mejores amigas, que también es fanática del grupo, me regaló una entrada para el concierto en primera fila. Qué gran orgasmo audiovisual tuve ese día.
El “mockumentary” o falso documental que acabamos de ver, “Epic 2015”, fue creado en enero de 2005, y presenta una evolución ficticia, pero a la vez muy probable, de los medios de comunicación masivos en un plazo de 10 años, durante el cual los gigantes de la informática acapararán el mercado, el cual se fusionará y será distribuido enteramente por internet.
Las posibilidades que se presentan en este corto pueden interpretarse como positivas o negativas, puesto que el flujo de los medios y la capacidad de tener toda la información necesaria en la palma de una mano parece genial, pero por otro lado, el monopolio ejercido por la empresa que domine ese mercado podría terminar siendo una situación orwelliana, dado que el contenido que veamos en nuestras pantallas estará censurado por personas con intereses económicos y políticos.
Tendremos que esperar unos años para ver qué es lo que sucede.
Porque así me criaron, porque así me educaron en el colegio y porque el ambiente en el que he vivido desde siempre influyó en mi desarrollo.
2. ¿Por qué tengo que vivir?
Por las personas que realmente me importan y por mí, ya que tengo metas qué cumplir por las cuales lucharé cada día.
3. ¿A quién le hago falta?
Quizá a más personas de las que imagino. Algunas que no veo hace mucho tiempo, y otras que veo más o menos seguido pero con las que no tengo la relación de antes. Tal vez sea por mi culpa, o porque simplemente tiene que ser de esa manera.
4. ¿Soy feliz a pesar de todo?
Siempre lo he sido, a pesar de cualquier cosa que me pueda haber pasado, no tengo razones para sufrir.
5. ¿Qué hago aquí?
Aprender las cuestiones técnicas que necesito para lograr lo que me he propuesto, ya que los ideales y teoría de lo que pienso lograr los aprendí hace mucho.
6. ¿Quién soy yo?
Un amante del cine, de la música y de la literatura; un estudiante de la facultad de Comunicaciones de la Universidad de Lima; un hijo, un enamorado, un amigo y una persona feliz.
7. ¿Lograré lo que me propongo?
De mí depende, pero pienso conseguirlo, porque es lo que realmente me apasiona, y al fin siento que no estoy perdiendo mi tiempo.
Ryszard Kapuscinski nació en Pinsk, Bielorrusia (aunque en ese entonces era parte de Polonia) el 4 de marzo de 1932. Fue un poeta, fotógrafo, historiador y ensayista, pero por sobre todas las cosas fue un periodista. Y qué periodista.
Su infancia marcó su posterior trabajo, puesto que vivió en carne propia las atrocidades de los nazis durante la segunda guerra mundial. La violencia suscitada durante este terrible período hizo que se interesara en la guerra y el poder, temas que, junto a las historias de la vida cotidiana se convirtieron en el hilo conductor de su exitosísima carrera.
Estudió historia y arte en la Universidad de Varsovia, pero decidió dedicarse al periodismo. Fue corresponsal de la agencia Polish Press en África, Asia y América Latina (1959-81). En su dilatada carrera presenció 27 revoluciones, vivió 12 frentes de guerra y fue condenado cuatro veces a ser fusilado. Harto de la censura polaca, a partir de la década de los 80 empezó a colaborar con periódicos y revistas internacionales como The New York Times, Frankfurter Allgemeine Zeitung, Gazeta Wyborcza, Le Monde y El País y semanarios como Time. Impartió la docencia como profesor visitante en las Universidad de Caracas (1978) y en la Temple University de Filadelfia (1988), y ha participado en cursos de las universidades de Harvard, Londres, Canberra, Bonn y British Columbia de Vancouver. Se le concedieron sendos doctorados honoris causa por las universidades de Silesia (1997), Jagellónica de Cracovia (2004), Ramón Llull de Barcelona (2005), y obtuvo, entre otros, los premios Alfred Jurzykowski (Nueva York, 1994), Hansischer Goethe (Hamburgo, 1998), Imegna (Italia, 2000), Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (España, 2003). Actualmente se le considera uno de los mejores periodistas del siglo XX. Murió de cáncer el 23 de enero de 2007 en Varsovia.
Para Kapuscinski la vida debía narrarse con “...la convicción de que para tener derecho a explicar se tiene que tener un conocimientos directo, físico, emotivo, olfativo, sin filtros ni escudos protectores, sobre aquello de lo que se habla. (...) Es erróneo escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un poco de su vida”, lo cual forjó un estilo que usaba la historia intersubjetiva mezclada con el uso de la ironía como arma implacable contra las reducciones ideológicas de la siempre compleja realidad. Elaboró un periodismo muy comprometido, lo cual lo llevó a visitar prácticamente todo el mundo y así poder contar las historias desde el lugar de los hechos y en el preciso instante en que se materializaron.
Este gran periodista vivirá para siempre no sólo en sus numerosos libros, sino como ejemplo de veracidad y transparencia en el oficio que lo hizo grande.